LA INCORPOREIDAD DEL COLOR Y LA FORMA.
ENRIQUE DELGADO CONTRERAS
Del 4 de octubre al 1 de noviembre de 2022
Inauguración 7 de octubre / 19:00 h
Enrique Delgado es, como Leonardo, pintor e ingeniero. Lo de pintor es vocacional, irresistible, metafísico. Lo de ingeniero también. Y de inmediato más funcional. Sobre todo para la sociedad y para él mismo.
Tal doblez profesional es mucho más habitual entre pintores de lo que parece. Puesto que la inmensa mayoría de ellos son también docentes. Lo de ser a la vez ingeniero es más raro entre artistas, poetas y escritores, pero se da. Gabriel Celaya y Juan Benet son dos ejemplos.
Enrique Delgado comenzó como pintor en su juventud y compartimos esa profesión en época muy temprana, por los inicios de los 60. Pero siguiendo una inercia familiar estudió ingeniería industrial, no sin pena por dejar de lado una vocación tan arraigada. Pero tanto esos estudios como el ejercicio de esa profesión son demasiado absorbentes y dejaron poco tiempo libre para el ejercicio de la pintura, fueron de hecho un gran obstáculo. Pero el tiempo pasa inexorablemente, y como la edad para ejercer la ingeniería está tasada, la norma se impone impidiendo continuar ¡Y ese fue el momento en el que cayeron sus particulares murallas de Jericó! y Enrique Delgado blandió de nuevo sus pinceles. Y esa vocación enquistada durante tanto tiempo floreció de nuevo reiniciando una carrera artística que pronto empezó a dar sus frutos. Ya lleva tiempo en ello. Ha cosechado algunos triunfos muy apreciables por lo que sus cuadros de esta exposición traslucen una indudable madurez. Su obra está en la frontera entre lo figurativo y lo abstracto. Lo que merece una aclaración: Hay dos clases de pintura: la concreta y la abstracta. La concreta es una realidad que empieza y termina en sí misma. Por ejemplo, los cuadros de rectángulos de Mondrian, cada uno de ellos es una única realidad, que no conduce a ninguna otra realidad ajena a ella. No significa nada que no sea el cuadro mismo. Mientras que una obra de un artista figurativo, se refiere a dos realidades distintas, la realidad que queda representada y la propia obra que es una realidad en sí misma. Luego todo cuadro figurativo es abstracto, porque resulta de abstraer de una realidad, observada o recordada, los rasgos que componen la obra. En el cuadro finalizado se puede reconocer la realidad representada, es el tal caso un cuadro puramente figurativo. O puede no reconocerse la realidad que lo motiva, con lo que resulta lo que conocemos como cuadro abstracto.
La obra de Enrique Delgado se desarrolla en esa frontera figurativo-abstracto. Pero no se queda quieta, sino que marcha inequívocamente al ámbito abstracto. Porque priman las cualidades propias de una realidad plástica a las meramente referenciales. La realidad de partida no es más que el pretexto necesario para producir la realidad plástica que es cada uno de sus cuadros.
Auguro grandes éxitos a Enrique Delgado en su recuperación de un tiempo, si no perdido, por lo menos extraviado.
Tomás García Asensio.



