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08 de octubre - 19:00 h

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Del 8 de octubre al 26 de noviembre

Entrada Libre

Recorrer las salas de un museo siempre es una aventura de consecuencias impredecibles, por mucho que cada uno de los visitantes llegue con unos objetivos aparentemente concretos. Transitar en medio de cientos –y en muchas ocasiones miles- de objetos, que durante siglos formaron parte de la vida de

otras generaciones y de otras culturas, es una experiencia difícil de describir. Y lo es sobre todo porque la mirada con que cada visitante se enfrenta al objeto, ya convertido en pieza de museo, permite poner en movimiento el complejo mundo de las propias sensibilidades.

Por ello es tan importante, para quienes dedicamos nuestra vida profesional a la gestión de los museos, conocer las reacciones de “nuestro público”, algo que no es fácil de conseguir a pesar de las minuciosas -y siempre tediosas- encuestas con las que lo intentamos. Y en esta ocasión, felizmente, Manuela Picó, nos ofrece todo un repertorio de imágenes en las que podemos leer con meridiana claridad de qué manera ella se ha “apropiado” de un excelente conjunto de piezas americanas, contempladas precisamente en el Museo de América, y las ha incorporado a su imaginario vital, compartiendo con todos nosotros su universo pictórico.